El sistema educativo de nuestro país, ha quedado tocado por la cruda realidad. Se ha derrumbado una concepción del siglo pasado. Para otros países esto no es así. Hace tiempo que cambiaron de época y abandonaron el medievo educativo.

En el caso del profesorado, somos el saco donde descargan la frustración alumnos y familias. Para los politiquillos (lo digo así porque la mayoría no ejercen la Política, sino que son vividores del cargo oficial y las prebendas) somos muy útiles ya que somos el enemigo común donde dirigir las iras del público (los profesores no trabajan y están siempre de vacaciones). 

Desde el punto de vista antropológico es también lógico que nos usen de diana. La Educación, el conocimiento, el desarrollo de las capacidades e inteligencia tienen poca cabida en una sociedad donde prima la mediocridad y la ignorancia (véanse las nuevas promociones que nos llegan). Familias que no dan respaldo afectivo ni límites a sus hijos, e hijos que han aprendido a sobrevivir atacando cualquier forma de autoridad o sometiéndose a ser “buenos y calladitos”. Desde ambos enfoques todo lo que sea aprender (incluidos nosotros) no va con ellos.

Imagen de Gerd Altmann (geralt), con Pixabay License.

Todo ello no quita que, las quejas que he recibido de mis alumnos por correo o en video sesiones, tengan su parte de razón. Hay frases que se repiten y que también he oído en los medios de comunicación (en las escasas ocasiones en que les dan la palabra), y que me permito compartir:

  1. “Estoy muy AGOBIADO/A”. Normal, son jóvenes y están acostumbrados a vivir huyendo hacia adelante. Esta crisis los ha parado en seco y no están acostumbrados a estar consigo mismo (ni con sus “familias” ya que bastantes no lo son). Necesitan mucho apoyo y protección de nuestra parte para enfrentar un enorme reto. Apoyo y protección no significa tratarlos como a personas de poca capacidad e inteligencia (regalando aprobados), sino a abrirles los ojos a la realidad actual, que va a exigir de todos nosotros cambiar, mejorar nuestras capacidades y adaptarnos a la nueva época.
  2. “Estoy trabajando más que cuando estaba en clase”.  Claro,están teletrabajando y viendo lo que cuesta de verdad aprender, que ello implica investigar, analizar, redactar….  fallar y volver a empezar (A veces se aprueba y a veces se aprende). En fin, la cultura del esfuerzo de cualquier sistema educativo del XXI. Hasta ahora su vida educativa, consistía en abandonarse a la pasividad en las clases y pasar el trago del examen de turno. Necesitan que sus profesores también sean del XXI, que midan el esfuerzo constante y el desarrollo de las capacidades de cada alumno. No necesitan falsa caridad ni fervientes defensores del Currículo. 

En esto también hay que entender la situación del profesorado (quitemos a los/as locos/as vocacionales) vilipendiado, asfixiado por una Administración kafkiana e incompetente, desprotegido…. que les ha hecho “sobrevivir” haciendo lo que le mandan para “no tener problemas”: “Los alumnos que quieren aprobar, pues que aprueben… la inspección que quiere que firme y aplique currículo pues me convierto en parte de la maquinaria”.  Así que en estos duros momentos se les quiere meter el currículo con fórceps, ya que el temor a la inspección manda. Después ya vendrá el aprobado colectivo… 

Para todos nosotros, es una exigencia actual saber trabajar en equipo, organizar bien las tareas (primero adaptarlas a la realidad del alumno/a, después explicarlas, resolver dudas y en último lugar enviarlas de acuerdo a un calendario donde estén todos los módulos). Yo lo veo como una gran oportunidad para abandonar viejos hábitos lectivos que tanto tiempo han lastrado la formación y tomar nuevos (NNTT, metodologías ágiles…) que son la base del XXI.

  1. “Tengo miedo de perder el curso o de no tener título”. Es lógico que tengan miedo. Lo tenemos todos y no paramos de asustarlos. En realidad, estamos viviendo un duelo planetario. El mundo tal y como lo conocimos (hace días tan sólo) ha desaparecido. Sólo nos quedan las 4 paredes de casa y para muchos ni tan siquiera eso. Nadie sabe cómo terminará la historia y ellos necesitan referentes que les aseguren un mínimo de esperanza. Esto no es una guerra, es una crisis global que ha hecho saltar todo el sistema. Ahora nos toca diseñar y poner en marcha uno nuevo. Seguimos con los patrones mentales anteriores (porque nos dan falsa seguridad), por eso preguntan por cuándo será la vuelta a clases, el examen…. cuando en realidad lo que les angustia es no saber qué va a ser de ellos en el mundo post Covid-19.  Tienen miedo, que puede desembocar en pánico, lógico. Más si sus mayores (todos nosotros) no les damos la mano.

Bueno, no quiero daros más la lata. Ya me conocéis (en parte) y me soportáis, os lo agradezco. Sólo quiero dejar claro lo que pienso y siento compis.

Yo también tengo miedo, e intento aprovecharlo para buscar salidas.

Gran abrazo virtual y una sólo petición:

Proteger a nuestros alumnos, por favor.

Gracias, Juan Antº Aguilar

@Marketteacher

 

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